Sanar las heridas de infancia en Valladolid | Consejos de una Psicóloga
¿Alguna vez te has preguntado por qué reaccionas con tanta intensidad en determinadas situaciones? ¿Por qué te cuesta poner límites, confiar en los demás o sentirte en calma contigo misma? ¿Sientes que arrastras patrones emocionales que no sabes de dónde vienen? Muchas de esas respuestas no están en tu presente, sino en tu pasado.
En este artículo, Leticia Rubio, psicóloga en Valladolid, te ayuda a entender qué son estas heridas, cómo afectan tu bienestar emocional hoy y cómo empezar a sanarlas desde un enfoque respetuoso y profundo.
Cuando hablamos de heridas emocionales, el pasado es presente.
Muchas personas adultas conviven con heridas emocionales que se originaron en su infancia. Y aunque han aprendido a “funcionar”, sienten que algo dentro sigue sin estar en paz. Como psicóloga especializada en apego y trauma en Valladolid, he acompañado a muchas personas a descubrir algo esencial: las heridas emocionales de la infancia no desaparecen por el paso del tiempo, solo cambian de escenario.
¿Qué son las heridas emocionales de la infancia?
Son experiencias dolorosas o carencias emocionales vividas en la niñez que, por no haber sido elaboradas, quedan “guardadas” en nuestro cuerpo, en nuestros patrones de relación y en nuestro diálogo interno. A veces, ni siquiera las recordamos conscientemente, pero se manifiestan en forma de ansiedad, inseguridad, dependencia afectiva o dificultad para conectar con el bienestar y la calma.
Las heridas no siempre vienen de abusos o eventos traumáticos evidentes. Muchas veces son sutiles: la falta de escucha, de validación emocional o de afecto incondicional también dejan huella.
Tipos de heridas más frecuentes y sus efectos en la adultez
- Herida de rechazo
¿Alguna vez sentiste que no eras deseado, que molestabas o que tus sentimientos se invalidaron con frases como ‘no es para tanto’? Puede que hoy tengas un pensamiento recurrente de no ser suficiente, tendencia a agradar a los demás, dificultad para poner límites o miedo a ser tú mismo para no perder el vínculo.
- Herida de abandono
¿Tus cuidadores estuvieron ausentes física o emocionalmente de algún modo? Esto puede dar lugar a que hoy experimentes dependencia emocional, ansiedad relacional o dificultad para estar a solas contigo.
- Herida de humillación
¿Tus emociones, cuerpo o inquietudes fueron motivo de burla o vergüenza? Es posible que hoy sientas una baja autoestima, elevada autocrítica interna, vergüenza de mostrarte o expresar tus necesidades.
- Herida de traición
¿Alguien en quien confiabas o que debió protegerte no cumplió su rol? Puede ser que hoy sientas desconfianza en las relaciones, necesidad de controlar, dificultad para delegar o vincularte sin miedo.
- Herida de injusticia
¿El entorno en el que creciste era rígido, exigente o emocionalmente frío? Puede que hoy presentes una autoexigencia extrema, perfeccionismo o tengas una sensación constante de no estar haciendo lo suficiente.
Nuestras primeras relaciones en la infancia configuran nuestra percepción de nosotros mismos, de los demás y del entorno, algo que nos acompaña en la vida adulta
¿Cómo empezar a sanar estas heridas?
Sanar no es olvidar lo vivido ni justificarlo buscando culpables. Es reconocer el impacto que tuvo en ti, validarlo y poco a poco construir una relación más armoniosa contigo, con los demás y con el mundo.
Desde la terapia con enfoque en apego y trauma, trabajamos:
- La seguridad emocional como base para confiar en ti y en los demás.
- La reconexión con tus necesidades auténticas.
- El permiso para sentir, sin juicio ni vergüenza.
- El fortalecimiento del yo adulto que puede cuidar al niño o niña interior.
La reparación no sucede en soledad. Necesitamos un vínculo que sea distinto a los del pasado, que no juzgue, que no abandone, que no exija perfección.
¿Cómo ayuda la terapia EMDR a sanar estas heridas?
La terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es una técnica avalada científicamente que permite procesar experiencias pasadas que siguen activas a nivel emocional y corporal.
Muchas heridas infantiles no están solo en la memoria narrativa, sino en la memoria emocional y sensorial. El cuerpo reacciona como si esos eventos siguieran ocurriendo. EMDR permite que esas experiencias se integren de forma adaptativa, liberando la carga emocional que quedó bloqueada.
¿Qué se trabaja con EMDR?
- Recuerdos, emociones o sensaciones físicas vinculadas al rechazo, abandono, vergüenza o miedo.
- Creencias negativas formadas en la infancia (“no valgo”, “soy débil”, “no soy suficiente”, «no estoy bien como soy», «soy un fracaso», «tengo la culpa»…).
- Situaciones actuales que disparan reacciones desproporcionadas (la raíz suele estar en el pasado).
¿Cómo se siente el cambio?
- Disminuye la reactividad emocional.
- Surge una sensación de calma interna, como si el pasado dejara de doler.
- Aparece una narrativa más compasiva contigo misma.
- Te relacionas desde un lugar más seguro y autónomo.
Conclusión: Sanar es posible
Las heridas de la infancia no te definen. Pero sí te hablan. Escucharlas, acompañarlas y darles un espacio en terapia es un acto de valentía y de amor propio. No se trata de buscar culpables, sino de asumir el poder de cambiar la forma en que te tratas y te relacionas.
¿Sientes que este artículo habla de ti?
No importa cuántos años hayan pasado. Las heridas de la infancia pueden sanar. Lo importante es hacerlo acompañada, desde un vínculo terapéutico seguro y sin juicio.
Cada sesión es un paso para reparar lo que dolió, cuidar a esa parte de ti que no fue vista y reconstruir un presente desde otra perspectiva.
Leticia Rubio, psicóloga en Valladolid y especializada en apego, trauma y EMDR acompaña a adultos que desean sanar sus heridas emocionales, mejorar su seguridad interna y recuperar su bienestar. Reserva tu primera sesión aquí
Siente la libertad de ser tú.